"Lo siento."
Todos los días se asomaba por el balcón, encendía su cigarro y contemplaba el amanecer, totalmente impasible, en espera de que el Sol le diese el calor que los humanos le habían arrebatado.
Un calor que ni el más ardiente de los fuegos pudo igualar, más cálido que la propia ternura, más vivo que cualquiera de las pasiones jamás vivida... tan así era que aún perduraba en él tras varios años desde su extinción.
"Al menos sé que, poco a poco, estoy más cerca de tu sonrisa, tu mirar, tu inocencia y ternura..."
Pensando en ella, en todo eso que tanto extrañaba, sacó otro cigarro, lo encendió y siguió en espera de acabar el día.
Y, con un poco de suerte... también con su vida.
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