Hace tiempo que no veo ese algo que me hacía especial, por algán casual, ¿lo habré descuidado y dejado morir?
No, no puede estar muerto. Lo mas probable es que se haya escondido de todo y todos y esté esperando que todo esto pase para volver a ocupar el lugar que le corresponde en este universo tan poco coherente.
No contenta con ello, busco y busco, y me encuentro con que ese brillo que mis ojos intentan ocultar vanamente al resto del universo es cada vez más potente; me gusta, es escalofriantemente atractivo y terroríficamente inhumano.
Intento cogerla, y ella a mí también; pero, pese a nuestro empeño, no somos capaces de aguantarnos la una a la otra y, siendo conscientes de ello, nos dejamos caer en ese inmenso vacío que se esconde tras nuestro brillo...
Caemos, seguimos mirándonos, a cada segundo que pasa nos damos más y más cuenta de que las promesas que nos hicieron, las historias que nos contaron y las lágrimas que nos derramaron eran casi todas pequeños trozos de cristal, que sustituyeron por nuestra sangre, y que, ahora, recorren nuestras venas haciéndonos sufrir con todos y cada uno de los latidos de nuestro pequeño, frío y casi marchito corazón.
Ahí es cuando comienza la ira.
Ira hacia toda persona que compartió una promesa y sólo aportó mentiras y desilusiones; ira hacia todo ser que me hizo confiar en su palabra y sólo nos devolvió desilusión, miedo y aún más golpes...
Ira hacia quienes consiguieron resolver el laberinto que conducía desde el exterior hasta nuestro verdadero yo.
Entonces lo oigo:
"Sigue, mirándome, por favor, no cierres los ojos..."
Y yo, sin pensarlo siquiera, respondo como acto reflejo:
"No... no quiero cerrar los ojos, tengo miedo de que ya no estés cuando los abra ."
Ya por fin la caída cesa y tocamos tierra; miramos a nuestro alrededor y no sorprendemos del paisaje.
La luna nos observa con atención y las estrellas guían a las luciérnagas en su danza sobre el río que, de fondo, canta una melodía fluída, llena de vida, de esperanzas, de sueños...
Nos acercamos y, para nuestro asombro, descubrimos que sólo una se refleja en su agua cristalina; y, antes de saber quién de las dos es...
Despierto.
Mi cuerpo empapado, mi corazón agitado y mi mente exhausta por darse cuenta de que ya no sabe distinguir un sueño de la realidad...