Todas las noches se repite la misma historia.
Me llamas, intento buscarte y te escondes entre las sombras que tú mismo pusiste ahi, me ciegas con tu voz, abrazas con tu alma y abandonas en medio de la nada...¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Por qué narices me llamas si cuando acudo ya no estás?
Te oigo. Sí, alto y claro.
Cierro los ojos y confío en alcanzarte; pero sólo consigo dar vueltas en medio de una extraña, oscura y confortable soledad que me envuelve, absorbe y envenena a cada instante un poquito más...
Muéstrate. Da la cara de una vez.
Si eres capaz de guiar mi mente y mi alma, hazlo sin miedo; pero antes dame un nombre y enseñame un rostro, no te limites a susurrar mi nombre con esa tierna y suave voz con la que envuelves mi ser y me llevas por tan dulce camino de locura...
"Ya queda menos, mi Lady... ya queda menos para nuestro encuentro..."
Y una vez más, despierto sin saber cuando aparecerás.
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